sábado, 27 de abril de 2013

CUANDO ERA FELIZ SIN SABERLO



Recuerdo que sólo me preocupaba por saciar mi necesidad de beber y comer o contar con mis amiguitas para jugar incesantemente;  algunas veces desfallecía de tanto jugar… no importaba ni el tiempo ni el espacio, mi pensamiento solo aterrizaba al escuchar el grito de mamá cuando decía - ¡China vení a comer!-.
La ingenuidad y acuciosidad en el despertar de mis ocho años, no asomaba espacio para otra cosa que levantarme pensando qué iba a jugar y con quién, pero la rigurosa organización materna me recordaba el recién adquirido compromiso de velar porque mis compañeros caninos, Milor y Melodía tuvieran siempre agua limpia y fresca. Y antes de emprender la partida honré ese deber,
Cuando Marina o Linervis no venían a mi casa, yo iba a la de ellas.  Con frecuencia jugábamos a mamá y papá o hacíamos de doctora o enfermera atendiendo pacientes, aunque debo admitir que me apasionaba trepar árboles repletos de mangos, mamones, guayabas o corozos que había en mi casa o en la de abuela Francisca. Cierto día pasé una desagradable experiencia cuando me dispuse a desprender un ramillete de mamones y me topé con un cacuro que expulsaba muchas avispas que hincaban sin piedad en mi cara y cuello, No me explico cómo llegué tan rápido a la casa, entré y les lancé la puerta de malla en la cara. Pasé días recibiendo las curas y caricias maternas y a veces el regaño de mi padre por mi acto de desobediencia. Después de ese día juré a papa Dios no volverlo a hacer.
En esa época, confieso que era feliz sin saberlo. A mi memoria se agolpan frases que solían decirme mis panas, pero que hoy arrebatan sonrisas - ¿Ya te cantó el gallo?- solo años después entendí de qué se trataba-. Añoro también esa inocencia y la despreocupación cotidiana, extraño el amor de mis padres, las fiestas patronales de noviembre cuando adornábamos las calles con papelillos color blanco y azul cielo, para esperar en la noche, sentada en el enlozado, la procesión de la virgen La Milagrosa patrona del barrio. Cómo olvidar las patinadas decembrinas, hasta conversar en el frente de la casa y saludar a mis coterráneos del barrio El Poniente. ¡Cómo no supe que fui tan feliz en esos días! 

5 comentarios:

  1. Ciertamente esos momentos de la vida son irrepetibles y de gran felicidad! pero te aseguro que recordándolos, te ríes sola! eso nos pasa a todos! =) De hecho, me imaginé y reí con cada relato que comentaste!

    ResponderEliminar
  2. ¡Qué recuerdos Zulaima! Lindos momentos que a veces quisiéramos volver a vivir pero que el Señor Tiempo no nos permite hacerlo, sólo quedan en nuestras mentes y en nuestros corazones.

    ResponderEliminar
  3. Ciertamente son momentos de mucha inocencia y felicidad, que al recordar quisiéramos que sucedieran nuevamente, pero como dice mi compañera yarilú "el factor tiempo no lo permite" y solo serán recuerdos felices! el presente es ahora y ser feliz, vivir en paz, armonía y hermandad es nuestra misión.

    ResponderEliminar
  4. Amiga me encanto tu entrada. Cuando somos niños nada nos preocupa, nuestra inocencia nos lleva a veces a un mundo de felicidad que como tu dices no nos damos cuenta y que de adultos añoramos, pero esos recuerdos permanecen vivos en nuestros pensamientos, y lo mejor es que podemos compartirlos y sentir que estamos ahí otra vez.

    ResponderEliminar
  5. Probervio maracucho el título de tu entrada :) que buenas memorias amiga, son momentos que no volverán, pero q a lo largo de tu vida reviviste con tus hijos y ahora con tus hermosos nietos. La vida es bella y es una sola, por eso hay que disfrutarla al máximo.

    ResponderEliminar